Deseo y posesión.
Fantasía y obtención.
Un mundo regido por la saciedad
del placer súbito.
Corramos tras lo nuevo.
Lo viejo, muerto está.
Un daltonismo intelectual
muestra todo en tonos rosa.
Un onanismo intelectual
que aniquila conciencias.
Y sin querer somos animales felices
revolcándonos en la mugre.
Destilando ilusiones
adaptadas a un nuevo envase.
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19/11/15
1/5/12
Ser trabajador hoy
Hace poco vi con mis propios ojos como la gente ve a una persona vestida con un mameluco que tenía los vestigios de una jornada laboral ardua. Pasó en un mercado de barrio. El hombre amablemente se dirigió a las distintas góndolas del comercio para adquirir lo que finalmente iba a llevar. A su paso, el resto de la gente se corría como si este hombre estuviese visiblemente afectado por alguna enfermedad.
¿Cómo vemos a un trabajador? ¿Hacemos diferencia entre los "trabajadores de cuello blanco" y los demás?
Etimológicamente trabajo deriva de una tortura medieval cuyo nombre en latín era tripalĭum (tres palos), extendiéndose el verbo tripaliāre como sinónimo de torturar o torturarse. Posteriormente la palabra mutó en el castellano arcaico a trebejare, ya con el significado de esfuerzo, y luego surgió trabajar como sinónimo de laborar.
Según Wikipedia un trabajador es una persona que con la edad legal suficiente presta sus servicios retribuidos. Según Marx, el trabajador (o mejor dicho, el proletario) es aquel que vende al capitalista su fuerza de trabajo, o dicho de otro modo, el obrero se compromete mediante un contrato a realizar un trabajo a cambio de un salario equivalente al valor de la fuerza de trabajo o sea al valor del conjunto de bienes necesarios para su existencia.
¿Nos alquilamos o nos vendemos?
Pareciese como si hoy en día ser obrero fuese una manera de diferenciar y de ubicar en una "casta inferior" a quienes lo sean. De hecho, ya no se dice “trabajador”. El vocablo de estos tiempos para denominar a quien pone su cuerpo al servicio de otro es el de “empleado”. Pero no basta con ser un “empleado”, es decir, un medio, una herramienta para cumplir con un fin ajeno. Además debemos ser “flexibles”. Sí, flexibles, como si en vez de sujetos fuésemos solamente materia. La flexibilidad aparece como una nueva condición “humana” constantemente exaltada por lo que los popes quieren que seamos para ellos. Las famosas 8 horas de trabajo se han transformado en una quimera. La interconectividad nos mantiene atados al mundo del trabajo, somos trabajadores las 24 horas del día.
El tiempo corre y nosotros debemos ir tras él como el conejo tras la zanahoria. Estar en movimiento es una virtud que enaltece la sociedad, y por ello no debemos detenernos nunca. Trabajemos para comprar, para pagar lo que compramos y para que cuando eso que compramos se torne obsoleto volvamos a correr en busca de lo nuevo. Corremos y corremos pero, ¿hacia dónde? Por más que corramos ya no transpiramos. Nuestro cuerpo es el vestigio de nuestra esencia muerta.
¿Y el ocio?
Bueno, el ocio son sólo esos pequeños momentos en los que realmente hacemos lo que tenemos ganas de hacer. Esos momentos en los que nos quitamos el mameluco y somos nosotros mismos. Esos momentos en los que sentimos que aún estamos vivos. Sin alienación.

¿Cómo vemos a un trabajador? ¿Hacemos diferencia entre los "trabajadores de cuello blanco" y los demás?
Etimológicamente trabajo deriva de una tortura medieval cuyo nombre en latín era tripalĭum (tres palos), extendiéndose el verbo tripaliāre como sinónimo de torturar o torturarse. Posteriormente la palabra mutó en el castellano arcaico a trebejare, ya con el significado de esfuerzo, y luego surgió trabajar como sinónimo de laborar.
Según Wikipedia un trabajador es una persona que con la edad legal suficiente presta sus servicios retribuidos. Según Marx, el trabajador (o mejor dicho, el proletario) es aquel que vende al capitalista su fuerza de trabajo, o dicho de otro modo, el obrero se compromete mediante un contrato a realizar un trabajo a cambio de un salario equivalente al valor de la fuerza de trabajo o sea al valor del conjunto de bienes necesarios para su existencia.
¿Nos alquilamos o nos vendemos?
Pareciese como si hoy en día ser obrero fuese una manera de diferenciar y de ubicar en una "casta inferior" a quienes lo sean. De hecho, ya no se dice “trabajador”. El vocablo de estos tiempos para denominar a quien pone su cuerpo al servicio de otro es el de “empleado”. Pero no basta con ser un “empleado”, es decir, un medio, una herramienta para cumplir con un fin ajeno. Además debemos ser “flexibles”. Sí, flexibles, como si en vez de sujetos fuésemos solamente materia. La flexibilidad aparece como una nueva condición “humana” constantemente exaltada por lo que los popes quieren que seamos para ellos. Las famosas 8 horas de trabajo se han transformado en una quimera. La interconectividad nos mantiene atados al mundo del trabajo, somos trabajadores las 24 horas del día.
El tiempo corre y nosotros debemos ir tras él como el conejo tras la zanahoria. Estar en movimiento es una virtud que enaltece la sociedad, y por ello no debemos detenernos nunca. Trabajemos para comprar, para pagar lo que compramos y para que cuando eso que compramos se torne obsoleto volvamos a correr en busca de lo nuevo. Corremos y corremos pero, ¿hacia dónde? Por más que corramos ya no transpiramos. Nuestro cuerpo es el vestigio de nuestra esencia muerta.
¿Y el ocio?
Bueno, el ocio son sólo esos pequeños momentos en los que realmente hacemos lo que tenemos ganas de hacer. Esos momentos en los que nos quitamos el mameluco y somos nosotros mismos. Esos momentos en los que sentimos que aún estamos vivos. Sin alienación.
20/7/11
Día del amigo
A propósito del día que se festeja hoy, el popular Día del Amigo, he reflexionado sobre algunas observaciones que debo dar a conocer de alguna manera, porque si algo que quiere salir queda adentro, hace mal, vió?
La gente que le dice "Feliz día del amigo" a cualquiera. Estaba volviendo del kiosco, donde fui a abastecerme de cigarrillos, cuando escuché el consabido saludo. Hice memoria durante dos segundos y no, no recordé tener ningún vecino que, subitamente, se haya hecho AMIGO mío. Cuando me dí vuelta, era el carnicero quien me saludaba, con la misma cara que pone al baldear la vereda o al cobrar: su sonrisa falsa, la misma que usa con los otros para hablar mal de cualquiera. "Gracias", le dije, sin ningún "igualmente" o "para vos también" que dé lugar a confusiones.
Al rato, cuando viajaba en colectivo, un señor con muchísimos años de vida y de aportes, se puso a hablarme. Él sentado, yo parado. Merece un paréntesis el hecho de que SIEMPRE, en todo momento y lugar, alguien se pone a hablarme, sea para hablar del clima, preguntarme la hora o alguna dirección. Después de contar gran parte de su vida, de recitar poesía en italiano y español y de contar que tenía un amigo que era mucho más groso que Borges y Cortázar juntos, se bajó sin olvidar de decirme "Feliz día del amigo".
Hoy, cuando abrí mi cuenta de Facebook, esa en la que tengo casi 300 amigos, tenía algún que otro saludo. Yo pensaba (hasta no hace mucho y de manera ingenua) que si algo salía en internet era cierto, pero me di cuenta que el "amigos" de Facebook tiene la misma categoría que el "amigos" del carnicero o del viejito anecdotario. Aún así hice y recibí muchos saludos, la mayoría por mensaje de texto. Y me dí cuenta de que ahora ni siquiera se envían mensajes personalizados, y se opta por las cadenas de sms que suelen decir, caracteres más, caracteres menos "Felz dia p ms amgs a pesar d no verns 100pre cuentan conmg 1 bso los kiero". Pero eso no lo critico, es una forma de acercamiento en estos tiempos en que nadie tiene tiempo para acercarse a nadie.
Curiosos son también los avisos que intentan impulsar las ventas de todo tipo de productos con motivo de este día. Si hay amigos que hagan ese tipo de regalos, quiero conocerlos para ir, lentamente, entablando una linda y sana amistad, llena de obsequios e intereses comunes. Con este argumento no me costaría tanto decir "igualmente".
La gente que le dice "Feliz día del amigo" a cualquiera. Estaba volviendo del kiosco, donde fui a abastecerme de cigarrillos, cuando escuché el consabido saludo. Hice memoria durante dos segundos y no, no recordé tener ningún vecino que, subitamente, se haya hecho AMIGO mío. Cuando me dí vuelta, era el carnicero quien me saludaba, con la misma cara que pone al baldear la vereda o al cobrar: su sonrisa falsa, la misma que usa con los otros para hablar mal de cualquiera. "Gracias", le dije, sin ningún "igualmente" o "para vos también" que dé lugar a confusiones.
Al rato, cuando viajaba en colectivo, un señor con muchísimos años de vida y de aportes, se puso a hablarme. Él sentado, yo parado. Merece un paréntesis el hecho de que SIEMPRE, en todo momento y lugar, alguien se pone a hablarme, sea para hablar del clima, preguntarme la hora o alguna dirección. Después de contar gran parte de su vida, de recitar poesía en italiano y español y de contar que tenía un amigo que era mucho más groso que Borges y Cortázar juntos, se bajó sin olvidar de decirme "Feliz día del amigo".
Hoy, cuando abrí mi cuenta de Facebook, esa en la que tengo casi 300 amigos, tenía algún que otro saludo. Yo pensaba (hasta no hace mucho y de manera ingenua) que si algo salía en internet era cierto, pero me di cuenta que el "amigos" de Facebook tiene la misma categoría que el "amigos" del carnicero o del viejito anecdotario. Aún así hice y recibí muchos saludos, la mayoría por mensaje de texto. Y me dí cuenta de que ahora ni siquiera se envían mensajes personalizados, y se opta por las cadenas de sms que suelen decir, caracteres más, caracteres menos "Felz dia p ms amgs a pesar d no verns 100pre cuentan conmg 1 bso los kiero". Pero eso no lo critico, es una forma de acercamiento en estos tiempos en que nadie tiene tiempo para acercarse a nadie.
Curiosos son también los avisos que intentan impulsar las ventas de todo tipo de productos con motivo de este día. Si hay amigos que hagan ese tipo de regalos, quiero conocerlos para ir, lentamente, entablando una linda y sana amistad, llena de obsequios e intereses comunes. Con este argumento no me costaría tanto decir "igualmente".
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